Soundtrack de martes con anuncio
February 6th, 2008Esta primavera cero ocho la recibiré en México. Oficial.
Esta primavera cero ocho la recibiré en México. Oficial.
¿Desde dónde me habré desbarrancado para quedar como cuadrapléjico emocional?
Qué más decir.
I awake to find no peace of mind
I said how do you live
As a fugitive?
Down here, where I cannot see so clear
I said what do I know?
Show me the right way to go
And the spies came out of the water
But you’re feeling so bad ‘cos you know
And the spies hide out in every corner
But you can’t touch them no
‘Cos they’re all spies
Lo sé, lo sé, no he escrito nada. Pero tengo dos muy muy buenas razones. La primera y más pequeña de ellas tiene cuatro patas, es color negro y maulla.
La otra es enorme, pero aún no puede anunciarse.
En una nota aparte, muerte, escarnio y rapaz violación a los cretinos que atascan el sistema de comentarios con anuncios de tramadol y phentermine. Ojalá su abuelita les aplique el castigo de los aztecas para los perdedores que obviamente son.
“Al mediodía començavan a pelear los unos con los otros. Peleavan con unos ramos de oyámetl o pino, y con cañas, y también con cañas maciças, atadas unas con otras de tres en tres o de cuatro en cuatro. Y cuando se aporreavan con ellas hazían gran ruido; lastimávanse los unos a los otros, y a los que captivavan fregávanles las espaldas con pencas de maguey y molido, lo cual haze gran rescocimiento. Y los ministros del templo a los que captivavan punçávanlos con espinas de maguey las orejas y los molledos de los braços, y los pechos, y los muslos; hazíanlos dar gritos, y si los moços del calmécac vencían a los contrarios, encerrávanlos en la casa real o palacio, y los que ivan tras ellos robavan cuanto havía…”
Parafraseando lo dicho por El Hombre:
Señores, el que se sientan libres a ratos no debe dar pie a malentendidos. De hecho (y esto deberían saberlo), trabajar en una empresa japonesa es justamente la antítesis de ser un individuo libre.
Mejor sustituir las frases trilladas del hombre exitoso por letras de José José. Por ejemplo, “¿Cuál es tu trabajo”. “Es verdad/soy un payaso…”
Si los japoneses se interesaran en crear niños tanto como lo hacen en crear motos, este sería un país en permaente explosión demográfica.
Desde que tengo algo memoria y coordinación psicomotora me han fascinado los videojuegos. Recuerdo que mi papá solía llevarme al novísimo Moy Plaza México (que en su momento era lo más high-end) y yo me paraba en un taburete de madera para alcanzar el control de la máquina de Q*bert. Pero este no es el punto aquí.
El caso es que no todas las semanas podía ir al sitio high-end, así que normalmente me conformaba con un hoyo de arcades hechizos que había en los pasillos de locales comerciales de las Salas Lumiére. Ahí un Pac-Man versión Atari con pantalla blanco y negro, Donkey Kong y Mario Bros eran el pan de cada día. Cuando llegó Gyruss, fue la sensación.
El infaltable personaje-leyenda de este local era un papero. Llegaba a tomarse un receso después de andar vendiendo papas fritas con salsa por la vecindad y todos en el local lo conocían. Era un demonio. Podía pasarse horas en cualquier máquina con una sola moneda. Le dio varias veces la vuelta al marcador del Pac-Man, llegó a sitios que los mismos desarrolladores del Galaga no imaginaron que ser humano alguno llegaría. Era como los chicles Omega. Sigue y sigue.
Carentes del espíritu comercial y competitivo que los Street Fighters y similares introdujeron posteriormente, los incipientes arcades le dejaban a uno entretenerse por horas con un solo crédito. Y otra licencia: los records eran largos largos. No tres iniciales, sino una frase completa.
El papero, por supuesto tenía su rúbrica. “PAPERO NO RIFA”, decía. Al yo de diez y pocos años, inconsciente del slang o el existencialismo, le sonaba simplemente a algo curioso: una frase con cierto ritmo, extraña por el negativo y la cuestión esta de “rifar”, que más bien era cosa de kermesses o de la Lotería Nacional. Quizá el tipo en cuestión sólo tenía esos pocos caracteres para hacer una reflexión sobre su propia existencia. El veredícto era “Ser papero no rifa”. Mi vida apesta justo desde el momento en el que termino de poner este récord y tengo que volver a la calle con la pinche canasta a cuestas. Papero no rifa. Quizá por eso era un auténtico mago al tomar el control. Papero no rifa, pero mientras estoy tirando el stage cincuenta del Galaga nada importa un carajo. Todo se acaba con la pantalla de los records, y la ironía. El primero, el segundo, el tercero…. En las máquinas que conservaban la memoria después de apagarse, cada uno de los diez o doce registros de récord ocupados con la misma frase. Papero no rifa.